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LOS VITROLEROS

Publicado: 1 mayo, 2015 en Cultura, Cultura Historia
GRAMOF MAN

Hombre cuyo trabajo era el de reproducir música con su Gramófono, en alguna parte de Europa a principios del siglo XX

En los países de Hispano américa se denominaba mas bien “Las Vitroleras”, no fue diferente en el Sur del Perú, las Vitroleras eran damas, de preferencia jóvenes, que estaban dedicadas a permanecer cerca de un gramófono, cargando permanentemente la manivela, instalando los discos, cambiando las agujas para reproducir cada disco, atendiendo las preferencias de su ocasional público.

En el Cusco ocurría esto en los lugares públicos, la vitrola era el artefacto impresionante y la principal atracción del establecimiento; una quinta o picantería, si pretendía posicionarse entre las más importantes y concurridas, debía por tanto contar con uno de estos artefactos, no había posibilidad de competir sin esta ayuda, la chicha y los picantes debían estar asociados con una vitrola, mientras más grande e impresionante, mejor.

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Un Vitrolero, Londinense, se gana la vida negociando los encantos de su Gramófono en 1920

En los países europeos, existían también “Los Vitroleros” traducido de esta manera del “Gramophone Man” y sus correspondientes en los diferentes idiomas europeos.

Los Vitroleros eran hombres que montando su equipo, que se componía de un cochecito para bebés, adaptado para sostener y trasladar donde estos quisieran un gramófono, con un repertorio lo más variado que les era posible, recorrían las principales calles de sus ciudades, para a cambio de algunas monedas, cargar la manivela de sus preciados gramófonos y dejarlos cantar para deleitar a un publico en movimiento, los clientes sensibles dejaban caer sus monedas en el piso, para una vez finalizada la melodía, el vitrolero las recogía; en ese entonces era un medio de vida; mi admiración por los gramófonos se incrementa notablemente, es que con su gracia y su propia facilidad para impresionar, brindaban sustento a hombres mujeres y niños, una razón más para conservar, apreciar y cuidar para generaciones futuras estas bellas piezas históricas.

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Un Vitrolero Judío intenta ganarse la vida vendiendo el audio de su viejo gramófono, en el Gueto de Varsovia, Polonia, en tiempos de guerra.)

Se tiene registrado que algo semejante ocurría en el Perú, en este caso con Fonógrafos. Gino Curioso en su Artículo “primeras grabaciones peruanas” publicado el 23 de febrero del 2012 hace referencia al “Gravador” como era conocido el oficio de entonces; de nombre Rogelio Soto Gonzales, nacido en la Arica peruana de 1876, quien a principios del siglo XX, es decir en 1903, en su establecimiento ubicado a la subida del puente de piedra y con su mayor posesión “Un fonógrafo” que según el relato, debe ser un fonógrafo clase “M” de 1888 con motor de cuerda, o un Standar N°393 de 1889, cual fuera el modelo, se sabe que realizo numerosas grabaciones, las que vendía y también reproducía para ser escuchadas por sus ocasionales auditores a quienes cobraba  hasta 2 centavos por el audio que podían escuchar mediante unos audífonos que no eran más que tubos flexibles, un buen negocio por entonces, por lo maravilloso y novedoso que resultaba, lo que le permitía ganar de 2.5 a 3 soles diarios – una suma significativa para la época -. Esta modalidad de negocio para entonces, pronto se expandiría hacia las provincias del interior del país, como Cusco. Rogelio también grabó al dúo Montes y Manrique luego que estos retornaran de New York, Rogelio Soto registraría hasta 300 grabaciones, lo que no significa que sean trescientas canciones diferentes, sino más bien que por la particularidad del fonógrafo, se debe ejecutar la pieza para una sola grabación de cilindro, de manera que un solo tema podría haber sido grabado varias veces. Estos sucesos primigenios en la grabación de música Peruana constituyen de por si un hermoso episodio de nuestra historia y legado cultural. Posteriormente, el 8 de setiembre de 1913 el mismo Rogelio en dúo con José S. Cobián grabaron para la Víctor Talking Machine, temas de sentido patriótico, basadas en la guerra del pacífico, como son: “Asalto de Arica”, “Batalla de san Francisco”, “Triunfo del General Cáceres en Tarapacá”.

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Pintura de Alfred Daniels, grafica a un Vitrolero de principios del siglo XX, en la calle Wentworth de Ontario Canada

Otros Vitroleros (Gramophon man)

Estos otros aliados de los gramófonos eran hombres jóvenes que representaban a casas comerciales que distribuían gramófonos, se caracterizaban por estar ataviados con indumentaria muy peculiar, muchas veces con máscaras y hasta cabezas de animales, tuvieron su apogeo entre 1904 hasta aproximadamente 1918.

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Un Gramophon Man, de la Casa Orpheus en Barcelona, paseaban por las ramblas anunciando sus gramófonos, la fotografia es de 1914 aproximadamente, nótese la dirección en el anuncio Plaza Beato Oriol (Información facilitada por Vicente Amat.)

 

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He aquí Un Vitrolero de la Casa Orpheus en España, que promocionaba la nueva tecnología Aproximadamente 1914.(Información facilitada por Vicente Amat.)

Estos Gramophon man tenían por función promocionar la maravillosa tecnología de los gramófonos, recorriendo las calles, con un cajón que lo llevaban sujeto por unas correas, donde figuraba el nombre de la casa distribuidora y sobre ella yacía un pesado gramófono, que solían poner a funcionar donde consideraban que podrían haber potenciales compradores, permitiendo que las personas aprecien y verifiquen por si mismas lo atractivo, ventajoso y bueno que seria poseer uno de estos artefactos en su hogar, al mismo tiempo que promocionaban alguna nueva producción musical que habría sido lanzada por entonces. Ingeniosa manera de divulgar un producto nuevo en un tiempo en que la radio y la televisión aun no estaban en vigencia. Quienes deseaban llegar al público en general, tenían a su disposición a los prestos Vitroleros, aliados estratégicos de la expansión de este nuevo sistema de entretenimiento.

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Víctor MS, parte de la Colección Marco Peña en Casa Blanca, La Convención, muy cerca de Machupicchu, Cusco.

Reseña y familiarización con la terminología

Había comentado en la entrada “LOS GRAMÓFONOS QUE ENCONTRÉ”, que estas piezas de arte son más conocidas en nuestro medio como “Vitrolas”, expresión que derivó del término comercial “Victrolas”, con que se difundieron y promocionaron los gramófonos de bocina interna en general luego de 1906, esta denominación se extendió en todos los confines del país, aún en lo más profundo y remoto cuando hoy se indaga sobre la existencia de algún gramófono, debe usarse este término, las personas mayores lo reconocerán de inmediato y describirán un gramófono. Surge la pregunta, cómo es que “Victrola” fue perdiendo la “C”; En este blog usare ambos términos para referirme a estos artefactos.

Un breve sobre la VÍCTOR Talking Machine

El 3 de octubre de 1901, es constituida la Víctor Talking Machine Company, entidad Americana dedicada a fabricar gramófonos, líder del mercado mundial en su tiempo. La mayor parte de Vitrolas o gramófonos en el Perú, fueron fabricados por esta compañía, los fundadores con una acertada intuición, adoptaron el logotipo de un perrito escuchando un gramófono, esta representación llegaría a ser uno de entre pocos, que gozó de más vigencia, desde 1899 hasta el 2003.

El perrito que recordaran

El perrito que hemos observado a lo largo de la vida en sellos discográficos y que tanta curiosidad ha causado en adultos y pequeños que observaban esa peculiar figura se llama “Nipper”

Nipper gramofono

El Perrito Nipper, oyendo un gramófono, escultura en baquelita de 6cm de alto.

La historia detrás de la pintura original refiere que el pintor Francis Barraud, había perdido recientemente a su hermano Mark Henry y heredado sus pertenencias, entre las que se encontraban un fonógrafo con grabaciones suyas y su mascota llamada “Nipper” un perrito de raza Bull-Terrier. Francis cuenta que al momento de él reproducir los cilindros que contenían la voz grabada de su hermano Mark, “Nipper” su mascota se acercaba al fonógrafo y escuchaba con atención la voz de su difunto amo. A Francis le pareció una escena de profunda sensibilidad por tanto decidió que debía ser inmortalizada en una pintura como un homenaje a la memoria de su hermano y la denomino “La voz de su amo”

¿Porque las vitrolas llevan la marca VÍCTOR?

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Marca Víctor Talking Machine, serigrafía de la corneta del Víctor MS

La empresa fabricante de vitrolas llevaba por nombre “Víctor” Talking Machine, que traducido significa “Máquinas parlantes, ¿y por que Víctor? hay varias versiones sobre el origen del nombre de la compañía. Entre las principales tenemos:

  • Fred Barnum en su libro “His Master’s Voice in America” apunta: “una historia clama que Johnson consideraba su primer gramófono como una “victoria” científica y económica.
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Marca Registrada Víctor Talking Machine, en placa de Bronce, de equipos de fabricación mediana

  • Una segunda opción es la “victoria” (Víctor en inglés) de Johnson después de la larga y costosa disputa legal por las patentes entre la Berliner Gramophone Company y la Zonophone de Frank Seaman.
  • Una tercera historia es que el socio de Johnson, León Douglas derivó el nombre de su esposa “Victoria”.
  • La última historia cuenta que Johnson tomo el nombre de las bicicletas “Víctor” populares entonces, las cuales el admiraba por su ingeniería superior.
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Marca Registrada Víctor Talking Machine, en placa de Aluminio, de equipos de fabricación tardía

De estas cuatro versiones, las primeras dos son las más comúnmente aceptadas. Este nombre fue utilizado por primera vez en 1900 y se registró en Washington el 12 de Marzo de 1901 con el # 36676

Cómo funciona y Partes del Gramófono.

La Vitrola o gramófono, es un artefacto que reproduce registros sonoros, discos en este caso. Este artefacto es mecánico acústico, analógico, no usa ninguna otra fuente de energía para hacer su trabajo, solamente un poco de la fuerza humana acumulada en un muelle o cuerda de acero templado mediante el movimiento de una manivela, esta energía es liberada de manera controlada por un complejo y preciso mecanismo de ejes, tornillos sin fin y engranajes, para producir un movimiento regular en su plato giratorio, con la potencia suficiente para mantenerse en movimiento cuando el pesado reproductor, cabezal o difragma portando una aguja de acero, ejerce todo su peso sobre el disco, es ahí donde entra en acción el factor acústico, este diafragma cuyo componente principal es una membrana muy sensible que transforma lo que se ha registrado en el disco (es decir, las vibraciones producidas por los surcos irregulares grabados en el disco, los que son captados por la aguja y conducidos al centro de dicho diafragma) en sonido audible de voces habladas, instrumentos musicales, canto, etc. que luego viaja por el brazo hueco para finalmente salir al exterior por medio de la corneta o bocina, para ser escuchado y disfrutado.

Para entender mejor lo que se relata sobre los gramófonos, es importante conocer las partes básicas de uno de estos artefactos, según lo denominamos en nuestro medio, estos son:

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Partes básicas externas de un gramófono

 

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Partes de un gramófono. Motor tipo “EM” modificado, que fue usado en Gramófonos Tipo “0” y “I”

 

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Partes de un gramófono. Reproductor “Exhibition” usado en la mayoría de equipos de bocina externa.

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Partes de un gramófono. El reproductor Exhibition por su parte inversa.

LOS GRAMÓFONOS QUE ENCONTRE

Publicado: 27 febrero, 2015 en Cultura, Cultura Historia

Por: Marco Peña Aguirre.

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Víctor VI, de la pequeña colección de Marco Peña, En Casa Blanca, La Convención , Cusco, muy cerca de Machupicchu

La Vitrola y la Colección

Con la expresión “Vitrola” es como se designa comúnmente a un “Gramófono” en muchas partes del Perú, en Cusco serán muy pocos los que usen este último término; la razón de la popularización de la “Vitrola” es que a partir de 1906 La “Victor Talking Machine” que era la compañía que más gramófonos trajo al Perú, de manera estratégica lanzó al mercado la “Victrola” fue a partir de entonces que de esta denominación comercial, derivó la famosa expresión hasta hoy todavía conocida y que se ha posicionado como término común para designar a todo gramófono, aunque fueran de otras marcas.

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Parte de la pequeña colección de gramófonos En Casa Blanca, La Convención, Machupicchu, Cusco.

Respecto al coleccionismo en general, este tiene poco arraigo en Cusco y en el Perú, es menor aun el de las colecciones o museos de Vitrolas o Gramófonos, es un espacio fascinante pero reducido a muy pocos aficionados o especialistas en el tema, a diferencia de lo que ocurre en otros países vecinos en Sudamérica, caso Argentina, Uruguay o Chile.

No es por tanto una sorpresa imaginar que este sea uno de los pocos o el primer portal Peruano dedicado a los gramófonos, no obstante que existen en el país, otros pocos coleccionistas y especialistas, que prefieren guardar para si mismos sus exquisitas posesiones de colección, este es un aspecto que respeto en todos sus extremos.

Hago público este sencillo portal para ilustrar y compartir este tema muy poco difundido, lo hago a modo de historia, comentarios técnicos, detalles, anécdotas y mucho más sobre estos tesoros los gramófonos.

He aquí una bella colección que guarda consigo sus propias historias y nos conceden la oportunidad de darle un vistazo y experimentar la sensación de por unos instantes estar a finales del siglo XIX o principios del XX.

Estos varios modelos con su individualidad y sus características huellas de uso, poseen el don de hacernos sentir lo que nuestros bisabuelos experimentaron hace más de un siglo.

Estos ejemplares han sido hallados de manera especial, de algunos incluso sabremos sus orígenes y dónde sonaron y animaron fiestas de aquellas que se iluminaban con candiles y cuyos invitados llegaban y se retiraban a caballo o en carruajes, o de una vieja Picantería Cusqueña en la que una Vitrolera (Dama joven que se encargaba de mantener sonando una vitrola) deleitaba a sus clientes con interpretaciones clásicas y populares, principal atractivo del establecimiento en ese entonces

Las Vitrolas Cusqueñas y de regiones vecinas.

Este portal es dinámico, sera actualizado de manera permanente, pues la búsqueda y vuelta a la vida de más Vitrolas estará vigente siempre, en este momento algunos pocos ejemplares están siendo restaurados, con un enfoque de restauración acorde a mi individualidad, guardando el respeto por otros criterios o gustos en lo que a este tema se refiere.

Observaran que las fotografías expuestas, presentan gramófonos o Vitrolas, que únicamente han sido limpiadas y habilitadas, mantienen su acabado original, asimismo el niquelado de sus partes metálicas es original, así como las bocinas o cornetas mantienen su pintura original, solo he pintado aquellas que hallé en condiciones de deterioro muy avanzadas, no olvidemos que estas máquinas estuvieron en manos de tres generaciones pasadas, han sido usadas intensamente y han estado abandonadas por muchas décadas, algunas en condiciones muy adversas, ahora al rededor de más de cien años después, están ante nosotros, manteniendo aún su carácter de antigüedad.

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Calle heladeros de Cusco en el tiempo de las Vitrolas (1908 – 1911) Fotografía tomada por Miguel Chani.

Personalmente siento que un gramófono debe lucir antiguo, que su valor yace en las señas de su largo y difícil tránsito a través de más de un siglo entre uso y olvido, que suprimirle ese valor atesorado, que es definitivamente irreemplazable – renovándolas o sobre restaurándolas – sin duda le reducirá su valor monetario y más aun su significado como pieza antigua; hay quienes envejecen maderas de muebles y otras piezas para que adquieran carácter y valor significativo como antigüedad y pieza de colección, y un gramófono original, legítimamente viejo, es renovado, esto no tiene sentido. No se verán aquí gramófonos sobre restaurados, sino con todas sus señas de uso, con su carácter intacto, como lucieron mientras estuvieron siendo usados en manos de nuestros bisabuelos y tatarabuelos.

Los gramófonos Cusqueños que encontré y su historia

El Víctor III

Hablaré a título personal de mi buena fortuna de encontrar estos artefactos, que los considero como “hallazgos”, pues tuve que emplear tiempo y paciencia para dar con estos tesoros.
Durante mis viajes laborales aprovechando mi ruta por Chumbivilcas, con la referencia de ser estos lugares idóneos para dar con joyas como estas, llevando conmigo algunas fotografías impresas de un gramófono como referencia, mucho tiempo transcurrí sin éxito hasta que un día especial hallé a un hombre de avanzada edad (no me autorizó mencionar su nombre) que al ver la fotografía que expuse, mostró una actitud diferente a las muchas anteriores que había visto, intercambió miradas con los suyos y luego de un espacio de silencio y de un breve interrogatorio, afirmó que conocía de la existencia de uno de estos artefactos, que hace muchos años llevaba depositado en una vieja cabaña; luego de deliberar y negociar, me prometió buscarla y mostrármela para el día siguiente. Tenia yo proyectado seguir mi ruta hacia Challhuahuacho esa misma tarde, sin embargo por esta promesa, cambié mi agenda y decidí pasar esa noche en Santo tomas; como solo los que entienden de gestiones de esta naturaleza pueden imaginar, la noche se me hizo infinita, sin poder dejar de pensar en ese ejemplar.
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Pequeña Ciudad de Santo Tomás, lugar donde residía Don Nicanor Berrío.

Al día siguiente a la hora pactada, como igualmente comprenderán, estuve en el lugar indicado, esperando, con dudas, temores de que no lo hubieran encontrado o que estuviera en muy mal estado o que le faltarían algunas de sus partes. Mucho de lo que imaginé fue cierto, sin embargo cuando tuve ante mis ojos el tesoro, noté con gran asombro que era el modelo exacto al de la fotografía del volante que yo había llevado, era un Víctor III de fabricación temprana, le faltaban muchas partes, no tenia la corneta ni el codo, tampoco la manivela, parte del brazo (la “U” y donde este rueda) se había perdido, así como el diafragma, me afirmaron que la corneta fue blanca adornada y de gran tamaño; a pesar de los años, era impresionante la información que tenía el patriarca de la familia, que contaba con más de 80 años, afirmó también que este ejemplar había llegado de Lima en 1950, y que era un presente del Diputado por Canchis con quien el dueño del gramófono había establecido buenos lazos de amistad.

Todo ejemplar que ha llegado hasta mi, tiene una historia, yo la solicito con mucho interés y atención a quienes me la conceden y esta no fue la excepción.
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El Gramófono de Don José Nicanor Berrío hallado en Chumbivilcas

La historia detrás de este gramófono se remonta a 1951 cuando estos artefactos estaban en perfecta vigencia en el Perú, de manera especial en zonas remotas del interior del país. De este hallazgo tengo registrado lo siguiente: Un día cualquiera de 1951 Don José Nicanor Berrío, Señor de la hacienda Casa blanca, estaba de viaje, las personas empoderadas de la hacienda en la ausencia del Señor, bajo circunstancias poco claras, habían decidido usar una vajilla y el gramófono fuera de la casa hacienda, con la pura intención de devolverla antes de la llegada del amo, cosa que ocurrió repentinamente, los infelices encargados al saber de la súbita llegada del Señor, no tuvieron otra opción que ingeniar una coartada, dando por sentado que el amo de la hacienda castigaba severamente a quienes hurtaban dentro de sus dominios, así como era castigado también el uso inconsulto de cualquier bien de la hacienda, y bajo circunstancias que hoy no logramos imaginar con solo nuestro sentido común, decidieron ir ante el hacendado y simular que habían sufrido un robo y que estaban empeñados en rastrear a los malhechores para intentar recuperar los bienes perdidos (tradición que persiste actualmente en estos lugares remotos del país), prefiriendo las sanciones por negligencia y no por robo o uso inconsulto de bienes; cuentan que la vajilla fue enterrada en los alrededores de la casa hacienda y que el gramófono había sido enviado lejos con la determinación de que fuera desaparecido.

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Víctor III, Visto desde otro ángulo.

Fue así cómo los factores se combinaron para guardar esta pieza en una vieja cabaña típica de la zona, resguardada de los elementos, por tantos años como una pequeña cápsula del tiempo, aguardando a que la descubra; fue así que en breve la restauré, según mi enfoque de restauración, complete las partes en un lapso de quizás unos cinco años posteriores y como resultado he aquí el Víctor III vuelto a la vida, como sonara en la Hacienda Casa blanca hace tanto tiempo. (la manivela no es la que le corresponde al modelo)

El Víctor II

Este hermoso tesoro encontró su camino hacia mi mientras yo estaba en Cusco, se entenderá que para que esto suceda no puedo mantenerme pasivo, debo de alguna manera buscar algún rastro; para que esto se haga propicio me dirigí a la calle Saphi, y luego de  recorrer un estrecho callejón de entrada Incaica y subir extenuantes escalones, finalmente pude encontrar a Don Lucho Cabrera, un cazador de tesoros cusqueño, dedicado a este negocio por décadas, a quien ya había visitado antes sin lograr para mi favor ninguna novedad, no obstante en esta ocasión no me mostró nada pero me dio una referencia, me comentó que en una casa de la calle Chihuampata en San Blas, habían mudado muchas cosas antiguas entre ellas una “vitrola de corneta” que no se la quisieron conceder; refirió que perteneció a una vieja picantería

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Típica picanteria Cusqueña, durante una competencia de Sapo. Fotografía tomada por Martin Chambi 1931

que tuvo su apogeo durante las primeras décadas del siglo pasado, comprenderán que de inmediato tomé un taxi y en breve estuve ahí, sin mucho que hacer ubiqué el lugar, me salió al encuentro un hombre de unos 50 años de edad, que al referirle yo mis intenciones no dudó en invitarme a que lo siguiera, luego de asegurarse de que yo no era comerciante, me guió por entre pasillos típicos de las viejas edificaciones de San Blas, finalmente entré en un recinto iluminado por un tragaluz que permitía ver con claridad lo que había dentro; con gran satisfacción vi ante mi, sobre una vieja mesa un “Víctor II”, un ejemplar con tantas señas que testificaban su larga permanencia y trabajo en la picantería, y sus varias décadas de abandono, estaba completa, solamente le faltaba el reproductor o diafragma y el motor no funcionaba, estaba sucio y polvoriento, la corneta o bocina presentaba varias abolladuras, pero mantenía la litografía del perrito. De inmediato negocié y recogí toda la información que me refiera detalles de este tesoro.

 

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El Víctor II Cusqueño, el gramófono más intensamente usado que hallé

El relato detrás de este ejemplar es también interesante, había pertenecido a una picantería ubicada en la calle Plateros en el centro de Cusco, sus propietarios herederos habían llegado del extranjero para negociar una fracción de su propiedad, habiendo entonces convocando a recolectores para mudar dicha parte del inmueble.

Que tan determinante es estar en el lugar y momento precisos, es por tanto que esta joya ahora esta aquí ante nosotros, vuelta a la vida y sonando cual lo hiciera en los principios del siglo XX, en manos de la Vitrolera durante una tarde entretenida entre chicha y piqueos de la vieja picantería tradicional Cusqueña.

Algo peculiar es que al desarmar el motor para limpiarlo y habilitarlo, noté que el eje principal que atraviesa las cuerdas, estaba asombrosamente desgastado al punto de que tenia un cuello que no le permitiría funcionar, como testimonio del uso intenso al que el gramófono había estado sometido, de manera que tuve que esperar mucho tiempo, años, a que llegara a mis manos un eje original de reemplazo; la caja presentaba señas igualmente particulares, tenia hasta dos quemaduras de candiles que seguramente ocurrieron durante las noches alegres en el interior de la picantería. Con mucha paciencia, luego de varios años logré reunir todas las partes que le hacían falta, le instale un diafragma reconstruido, con partes facilitadas por mi buen amigo Augusto Schaller.

A propósito, hallé esta fotografía, es el letrero de una picantería cusqueña, que hace referencia precisamente a un gramófono, fue publicada por la revista Life, y la sitúa en 1939. Puedo entender que este tipo de establecimientos debía como parte del negocio, contar con una Vitrola como atractivo, como lo hicieran muchas décadas después, las Rocolas.

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Letrero de una Picantería de 1939, Cusco (publicada en la revista Life “Cusco antes del terremoto de 1950, letreros antiguos de picanterias en Cusco”)

 

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Dama posando con un Víctor II, Cortesía del archivo fotográfico de Augusto Schaller

Víctor Junior

EL Víctor Junior, es un pequeño gramófono de bajo precio en su tiempo, costaba quizás casi un décimo de la más cara de las vitrolas de corneta externa, y generalmente era comercializada como juguete, pero no es precisamente el aspecto técnico lo que describiré ahora, sino como es que este pequeño encontró su camino hacia mi.

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Pequeño Víctor Junior, encontrado en Arequipa. El Diafragma no es el que le corresponde al modelo.

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Víctor Junior.

Estaba en la región vecina de Arequipa y siempre que estoy en esa Ciudad indefectiblemente visito a mi Amigo Carlos Carrillo, es grato por que conversamos mucho sobre los gramófonos y en esta plática en particular, me mostró una despreciada y vieja tapa de un pequeño gramófono que estuvo en sus manos por varios años y por la que nadie daba un centavo, esta tapa estaba rota en dos pedazos sueltos, las partes estaban ahí por que los tornillos del chasis desnudo del motor las mantenía forzosamente y no podían desentornillarse pues los pernos estaban debajo del platito giratorio que estaba fijo, imposible de remover; ese día Carlos me lo ofreció como regalo, asegurándome que podría encontrar algunas partes que de hecho habían estado juntas varios años atrás. Quizás un año después, volví a visitar a este amigo y para mi asombro, me mostró las partes del motor que le hacían falta, fue tan grande mi sorpresa y gozo al ver esas piezas tan especiales, eran varios engranajes sujetos a una estructura pequeña pero muy precisa, imposible de conseguir de otra manera, exquisitamente elaboradas, al recibirlas, mis expectativas de que el pequeño Jr. volviera a vivir se fortalecieron, de manera que muy satisfecho por el avance retorne a Cusco, para volver a Arequipa tal vez en unos dos años más, cuando Carlos me tuvo otra sorpresa, me llevó tras de sus puertas y abriendo una de las antiguas hojas, me mostró las maderitas de la caja del gramófono, que estaban clavadas en el sillar para proteger la pared del impacto de las perillas, me invadió en ese momento una emoción tal que de inmediato solicite un martillo para yo mismo liberar a esas preciosas maderas de roble, que por sabe quien cuanto tiempo estuvieron ahí fijas en la pared, una vez en mis manos esas maderas – que conservaban sus extremos dentados, trabajados de manera hermosa – Volví al Taller de Calquiña en Huayopata y comencé la agradable labor de volverla a la vida, repuse la cuerda al cilindro que estaba vacío, con mucho trabajo puse las partes en su lugar – me es difícil explicar la sensación que experimente al ver nuevamente ese pequeño motor vibrar, ver cómo sus pequeñas partes armonizaban de manera silenciosa,

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Calle Santa Catalina Arequipa en tiempos de los gramófonos, 1920, lugar donde fue encontrado el Pequeño Víctor Jr.

que brindándole tiempo y dedicación tuviera la fuerza para impulsar el giro del platito una vez más – compuse las maderas como estuvieron hace más de un siglo y luego de esperar unos años más por el pedestal y la cornetita, este pequeño volvió a la vida, como un niño que despierta luego de un buen sueño y te deja oír su voz infantil, que te inspira y toca hasta las más profundas fibras del corazón, no puedo expresar de otra manera la sensación grata que me produjo verlo sobre una mesa reproducir “Ingrata cual es la fe” de Montes y Manrique, como sonara en aquel maravilloso tiempo.

Actualmente es una pieza muy rara, de estos fueron fabricados pocos en relación a otros modelos, si alguien posee alguno de estos tenga a bien compartir alguna que otra fotografía en los comentarios.

El Víctor 0

Esta Vitrola, es pequeña, muy sencilla, no es beneficiaria de detalles y adornos, fue fabricada para llegar a los hogares medios, tiene una cajita cerrada por tornillos, no tiene una tapa con bisagras como otros modelos, se vendió con su típica corneta color “Melocotón”.

Este pequeño ejemplar transcurrió su apogeo en Arequipa, en una hermosa casa de la calle “La Merced”, esta casa lleva el año de su construcción en el arco de sillar de la puerta principal que señala 1880, en esta casona vivían varias familias inquilinas, por muchos años, una de ellas conocida mía.

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Calle La Merced Arequipa, del tiempo de los gramófonos, calle donde se halló el Víctor Cero. de esta colección.

Un fuerte movimiento sísmico, de hace muchos años atrás hizo que parte de la infraestructura de la casona sufriera daños, motivo por el que los propietarios de entonces emprendieran algunas modificaciones y cambios, lo más interesante fue que entre toda esa gestión, abrieron y desocuparon un depósito en el que por muchos años nadie había estado, cuentan que en ese tiempo, la familia se deshizo de muchas cosas que consideraban que solo ocupaban espacio y lo más insólito es que tomaron El Víctor 0 y subestimándolo lo pusieron en la calle junto con otras cosas, para que alguien los liberase de tal carga llevándoselos como basura; es curioso advertir ahora, cómo cambian los tiempos, lo que en algún momento lo estimaban como nada, ahora son joyas invaluables que traen tanta historia y pasado consigo. Para fortuna mía el padre de Mateo Salas  – a quien luego de muchos años llegue a conocer y me comentó este relato – lo tomó rápidamente y lo guardó, evitando así que cayera en manos en las que sin duda hubiera tomado otro rumbo, quizás de no volver nunca más a la vida.

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Víctor 0, hallado en Arequipa, con su acabado original en la madera.

Entonces ocurrió que una tarde, mientras realizaba un recorrido laboral rutinario por una zona rural, en Apurimac, me puse a conversar con Mateo – por entonces mi compañero de trabajo en una Compañía Minera – respecto a los gramófonos, pues sucedió que luego de explicarle qué eran y como funcionaban, para mi asombro, me comento que en Arequipa tenia una de estas cajas, que al moverle una manivela, un plato metálico comenzaba a girar, de inmediato le extendí mi petición de que viera la forma de concedérmela, sin vacilar me dijo que no tendría inconveniente de ponerla en mis manos, que la buscaría y de encontrarla me la enviaría en un trasporte de carga, en la emoción y sin dudarlo tomé un billete y se lo entregue como compromiso y para cubrir los costos de dicho envío. En dos semanas, recibí su llamada desde Juliaca, me decía que estaba enviando un paquete para mi, no tenia duda de que lo había encontrado, solo me quedaba la incertidumbre del estado en que se hallaba y cuanto le faltaría para volver a sonar; recibí el paquete, con emoción lo abrí y estaba ante mis ojos “El Víctor 0” polvoriento, oxidado, con el acabado de la caja muy dañado, tenia sus periféricos, menos el diafragma ni la corneta y el codo, aun faltando todo eso, la emoción no dejaba de ser gratamente significativa. En varios días la limpié cuidadosamente, reparé con esmero su mecanismo, compuse su motor lo mejor que pude y maravillosamente los engranajes y ejes armoniosamente comenzaron a moverse nuevamente, como un mágico artilugio, dejándome esa sensación gratificante, de experimentar cómo un ser vuelve a tomar aliento. Tuve este pequeño mucho tiempo sin su corneta y codo, esperando sobre un estante.

Corneta, como fue encontrada

Corneta, como fue encontrada

Luego de muchos meses, visité Arequipa, por supuesto acudí a la casa de Mateo, una vez ahí, no se concluir si por intuición espontánea o como acción deliberada, solicite me concediera la libertad de recorrer los sitios menos frecuentados de la amplia casona, una vez en la acción, para mi nueva fortuna y gran asombro, al dirigir la mirada a un portal de un segundo piso ya casi en ruinas, vi en lo alto entre viejos cables eléctricos “la pequeña corneta” del Víctor 0, literalmente estaba hecha tiras, y colgada como campana para un bombillo incandescente roto, que estaba en medio, puesto ahí hace cuantos años no imagino, de inmediato hice los arreglos para que se fuera conmigo.

Corneta luego de restaurarla

Corneta luego de restaurarla

En un tiempo más, luego de esperar por el diafragma, el codo y de dedicarle muchas horas a la recuperación de la cornetita, el “Víctor 0” volvió a vivir, ahora me deleito con este pequeño, mientras reproduce “El Huerfano” grabado por los “Hermanos Soto” en la Arequipa de 1917.

Muestro las fotografías de un antes y después del estado de la corneta, no con la intención de ostentar procesos de restauración “profesionales”, sino solo con el deseo de compartir una actitud modesta de recuperar y volver a la vida una pieza que estaba literalmente perdida y que considero importante.

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Otro Víctor Cero, adquirido en Arequipa, de manos de Don Álvaro Valdivia

El Víctor IV

Este es un gramófono que para poseerlo en su tiempo se requería de una inversión considerable, se trata de un modelo poco común, estimo que podría haber sido adquirido durante los años veinte, del siglo pasado. Este ejemplar a diferencia de los anteriores encontró por sí mismo su camino hacia mí, en ese tiempo vivía yo en Calquiña, Huayopata, la Convención, considero ese, como un espacio de tiempo en el que estaba en contacto con la naturaleza pura del lugar, cautivado por lo exquisito del paisaje y lo fresco del aire y el agua. Este período y lugar eran por mí considerados poco propicios para buscar e investigar sobre la posible existencia de algún gramófono.

Con esta experiencia concluyo que estos ejemplares considerados como obras de arte, suelen por si mismos buscar y hallar su camino hacia mí. En ese tiempo estaban comenzando a construir la vía asfaltada de Cusco a Quillabamba y un buen amigo mío de Nombre Helenio Bazán – que había trabajado conmigo muchos años y con quien llevábamos un trato familiar más que de amistad, conocedor de mi pasión por los gramófonos – laboraba entonces como líder de un equipo especial encargado de negociar espacios de tierra y demoler viejas construcciones que estaban en el curso del nuevo trazo de la vía.

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El Víctor IV, encontrado en Huayopata Rodeo, durante la construcción de la vía Cusco Quillabamba.

Un día cualquiera en el que fui de Calquiña a Huyro, sin imaginar que sería este uno muy particular por lo que vería en los segundos próximos, saludé como siempre a Helenio, cuando de pronto, como si hubiera esperado el momento, me dijo: “te tengo una sorpresa”… podía yo pensar en cualquiera otra, menos en la que me esperaba, consideraba que estaba en un lugar infructífero para hallazgos de esta naturaleza, no obstante precisamente ahí de cara a mi incredulidad, tendría lugar uno de los eventos espontáneos que más me sorprendió, efectivamente, como no lo hubiera imaginado, estaba ante mis ojos, nada menos que un “Víctor IV”, con toda su apariencia de abandono, sucio, inoperativo, incompleto, no tenía la corneta, mucho había que hacerle, pero ahí estaba, al observarlo detenidamente, sentí que me buscó y encontró, imaginé quizás que se dirigía a mí y suplicaba que le concediera una vez más, reproducir alguna vieja canción, despertar la admiración de alguien más como lo hiciera antes, tal vez tocar algún corazón más, como lo hiciera antaño, pude realmente percibir todas estas profundas y certeras sensaciones en cuestión de segundos, que se hicieron eternos, pues aún ahora los puedo sentir. Cuanto agradecí a Helenio por concederme esta experiencia, por estar en el momento y lugar preciso para dar con este tesoro, que de inmediato pasó a mis manos y en breve comencé la tan satisfactoria jornada de dedicarle tiempo, ingenio, esfuerzo y paciencia, para que esta bella máquina deje su óxido, el polvo y el olvido, para que sus engranajes, ejes y muelles de manera precisa conjuncionen las funciones para las que fueron designadas y le concedan vida, como un corazón que vuelve a latir y tenga la oportunidad de una vez más deleitarnos con lo que sabe hacer. La emoción es siempre extraordinaria al ver abrir lo ojos a un gramófono dormido por tantas décadas.

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Vía de Huayopata Rodeo, La Convención, Cusco.

Cuenta Helenio que un día rutinario llegaron él y su equipo de trabajo a un viejo predio en un sector llamado “Huayopata Rodeo”, precisamente a demoler dicha construcción, se trataba de un viejo depósito edificado sobre un lugar alto, ubicado precisamente sobre el trazo de la vía. Helenio refiere que comenzaron desmontando la cubierta, puertas, ventanas y muros, llegando así a un último recinto pequeño, mientras él se hallaba en la parte superior del lugar, uno de sus operarios comentaba en voz alta y con risa con otros sobre un objeto curioso que acababa de encontrar, en el diálogo alguien pronunció la palabra clave: “Vitrola”, fue cuando Helenio prestó atención e intervino, ordenando que le llevasen ese curioso artilugio, lo examinó y fue la primera vez que vio y estuvo cerca de un gramófono y lo primero que consideró fue ponerlo en mi manos.

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Huayopata Rodeo, lugar que guardaba intacto un gramófono que volvería a la vida.

El tiempo en el que esta joya llegó a Huayopata, fue en la época del apogeo del té. “La Té Huyro” que según sus registros inició sus operaciones en 1913, generando la actividad industrial en la zona a partir del Té, en su tiempo hizo de Huyro un importante polo de desarrollo de la Provincia de la Convención, llevando el “oro verde” a todos los confines del país y también al extranjero.

Hasta donde pudimos practicarle un seguimiento, perteneció a una familia de Arrendires, una de las más beneficiadas del sector Huayopata Rodeo, que respondía a la Hacienda Huyro, cuyo titular fuera Don Benjamín La Torre. Las razones aparentes por las que una de estas joyas pudiera quedar escondida de esta manera es debido a los efectos sorpresivos que la reforma Agraria trajo consigo, provocando que muchos hacendados y arrendires se precipitaran de la noche a la mañana a poner a salvo sus objetos más valiosos en los lugares menos aparentes y que por los azares del destino en muchos de los casos nunca los recuperaron, esta no es la única anécdota que refiere este detalle, guardo otra similar, que compartiré también aquí.

Como fuera, hoy está ante nosotros el Víctor IV, vuelto a la vigencia, este precioso ejemplar ha sido encontrado con su diafragma reproductor Victrola N°2. El valle es un ambiente muy húmedo, cruel para las partes metálicas en abandono, sin embargo ha sabido conservar este tesoro, para que hoy podamos hablar de él y se nos dé la oportunidad de disfrutarlo una vez más.

El Víctor I

Esta es una de mis anécdotas que está vinculada con la historia nuestra de una manera muy especial.

Trabajaba yo para una compañía Minera en Apurímac y solía por cuestiones laborales visitar con frecuencia una Municipalidad ubicada a una hora de nuestro campamento de Huanacopampa, se trataba del gobierno local de Progreso, la jurisdicción de la Provincia de Grau que estaba más cercana a Cotabambas.

La primera vez que divisé progreso, desde lo alto de la montaña que brinda acceso a este mágico lugar, quedé impresionado por las instalaciones industriales de la época victoriana que ahí existen – que pueden verse a gran distancia – denominadas comúnmente como “El Ingenio”, observándolo a lo lejos, sentí que ese lugar era un buen escenario para hallar algún que otro gramófono, de lo cual daré cuenta en breve.

Un buen día la Autoridad del lugar, decidió invitarme a visitar las instalaciones del Ingenio, fue entonces cuando comenzó mi satisfactoria búsqueda; no más al ingreso del ingenio – ingreso que había sido recientemente adaptado, con antiguos  ejes, bielas, engranajes y poleas del viejo complejo industrial – vi una hermosa mezcladora de concreto de finales del siglo XIX, de bello diseño, hecho completamente de hierro fundido, descuidado y abandonado a los factores de la intemperie; al verlo así, exprese mi interés por adquirirlo y darle un mejor trato y lugar, la autoridad me dijo que mi intento era infructífero, que la pieza era patrimonio común del pueblo, por tanto, imposible de dejarlo ir, pero que podría mostrarme otras piezas más pequeñas que estuvieron vinculadas a la época y que tal vez esas si podría yo obtenerlas; la afirmación despertó sobremanera mi curiosidad.

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Víctor I, encontrado en Progreso Ccochasayhuas, Apurimac

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Otro ángulo del Víctor I de Progreso Ccochasayhuas.

Luego de muchas y sucesivas visitas laborales y a fuerza de superar muchos olvidos de la autoridad y falsos trajines míos, una hermosa mañana en que visité Progreso, finalmente fui invitado a una vieja barraca – que sin duda había sido construida en los primeros años del siglo XX, seguramente había cumplido la función de campamento o vivienda de algún grupo de obreros de la antigua compañía Minera – Ingresé directamente al recinto – pues no tenia más que una habitación – y a media luz, sobre barriles de roble y entre viejos cascos mineros y pequeñas y antiguas lamparitas de bronce, estaba un terriblemente desmantelado “Víctor I” y como no fuera sorpresa, le faltaban muchas partes, el motor estaba incompleto, la madera cubierta de polvo y como común denominador, se notaba la ausencia de la corneta y el codo; no obstante de manera muy especial le brinde toda mi atención e interés, busqué entre todos los objetos alguna parte más que perteneciera a este ejemplar, sin lograr éxito en esta empresa. Logré negociar el gramófono y dos pequeñas lámparas de bronce que funcionaban con carburo; es indescriptible la satisfacción que experimento al encontrar un tesoro así y en un escenario tan favorecido como este.

Tomé mi nuevo gramófono y con cuidado lo llevé hasta mi campamento en Huanacopampa, donde lo examiné mejor y las luces de volverla a la vida se encendieron, posteriormente la llevé hasta Sicuani donde comencé a restaurarlo con la ayuda de mi amigo Álvaro Valdivia quien me facilitó las partes como la corneta y otros periféricos desde Arequipa; le brinde mi tiempo y dedicación por semanas y meses, de gracia en gracia la joya comenzó a cobrar vida, su motor completo ya, me mostró para qué es que había sido creado, en un tiempo más me tocaba el corazón cuando fue capaz de reproducir el disco “Lima de veras” – canción escrita por la misma que fue una bella niña que vio la luz y dio sus primeros pasitos en Progreso, interpretada por los Morochucos bajo el sello “Odeón”-  hoy esta pieza histórica funciona de maravilla, como cuando el ingenio refulgía de vida y actividad en aquel Progreso de ese tiempo.

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Vista de Progreso en el mes de Febrero, ubicado a 3750 msnm, puede notarse en la parte central, el Ingenio y las barracas, parte de las instalaciones Mineras.

La historia que guarda esta pieza de colección es singular, la encontré en Progreso, Grau, Apurímac, el pequeño y remoto lugar del que la extrañada y célebre Chabuca Granda dijo: “He visto la luz muy cerca del sol de los incas, una mañana soleada entre vetas de oro, amor y sacrificio, soy pues, hermana orgullosa de los cóndores, nací tan alto que solía lavarme la cara con las estrellas”. La historia es hermosa y también conmovedora. Don Eduardo Granda y su esposa Isabel Larco llegaron a Progreso en 1917, Don Eduardo, Ingeniero de Minas, ejercería como funcionario de la “Ccochasayhuas, Cotabamba Auraria Mining Company” el cargo de administrador, ahí vivió por muchos años la joven familia Granda, y en 1920 nació, precisamente en este pequeñísimo pueblo la entrañable María isabel Granda Larco, conocida mejor como Chabuca Granda, puedo fácilmente imaginar su temprana infancia, entre las escasas calles de Progreso, quizás entre las gigantescas e imponentes instalaciones industriales del ingenio, que ahora entre el óxido y el olvido aun impresionan a sus escasísimos y casuales visitantes; los pocos que la ven se preguntan, cómo fue posible llevar esa mole metálica, e instalarla en tan remoto lugar, hoy es muy difícil el tránsito – solo vehículos todo terreno llegan con suficiencia y seguridad – todo lo que existe ahí es muy impresionante y de mucha tecnología, construido y equipado con puro hierro Inglés y Estadounidense.

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Cementerio de Progreso, de diseño muy particular, aquí yacen los restos de Eduardo Granda Larco, hermano mayor de Chabuca Granda.

Lo conmovedor es que a mediados del siglo XX, ocurrió algo que no está registrado con claridad – pero los lugareños aseguran, que esta operación minera aurífera exitosa, multimillonaria y que contaba con un gran soporte económico y que asimismo justificaba hasta dos vuelos semanales con cargas de lingotes de oro de alta ley, usando Huanacopampa como aeropuerto – ocurrió que la operación industrial, fue súbitamente abandonada, dejando las plumas en los tinteros, almacenes estoqueados y solo tomando efectos personales básicos, funcionarios y obreros sobrevivientes abandonaron el lugar para no volver la vista atrás, a causa de que se habían verificado muertes sucesivas y en números significativos, por razones que hoy desconocemos y cuya veracidad tiene como única base la tradición popular local, sin embargo efectivamente, el cementerio de estilo europeo, en sus lápidas llevan nombres tales como “Madison”, “Taylor”, “Johnson”, “Smith” etc. y en ese mismo lugar se encuentra la Tumba del hermano Mayor de Chabuca, de nombre Eduardo Granda Larco, quien falleciera en este remoto pueblito.

Hoy más de cien años después, aun se extrae oro de las vetas a las que Chabuca citó, no obstante para mi dolor, en Progreso muy pocos conocen o recuerdan a Chabuca, no existe un busto en su honor o algún pasaje con su nombre, absolutamente nada de ella ha quedado en el pueblo que la vio nacer.

Respecto al gramófono que encontré y restaure, no tengo duda alguna que perteneció a una familia vinculada al  gran y misterioso Ccochasayhuas, quien sabe a qué familia, y ¿por qué no endulzar nuestras mentes imaginando que fuera propiedad de los Granda? las probabilidades existen, pues ellos abandonaron la región alrededor de 1923, para no volver más, llevando solo efectos personales; es sabido que gran parte de la ruta desde las profundidades del Perú en ese tiempo, se recorría únicamente a lomo de bestia, por tanto, solo lo dejo a la imaginación del lector.

Víctor MS

El Víctor MS tuvo que recorrer un largo camino para llegar hasta mí.

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Vista Panorámica de la Pequeña Ciudad de Sicuani, lugar donde se encontró el Víctor III

Un buen día, mientras estaba empeñado en restaurar otros gramófonos y por la necesidad que este proceso demanda de conseguir algunas partes faltantes, asistí a un pequeño mercado de pulgas que tiene lugar los días sábados en el sector de la Bombonera, Sicuani, en esta ocasión en particular la visité en horas de la tarde, revisé de manera concienzuda cada puesto de venta, porque en medio de todo lo que existe en estos lugares en no pocas oportunidades logre hallar partes muy importantes que la gran mayoría ignora qué son y para qué sirven, puedo comentar que hallé hasta más de tres reproductores “Exhibition”, brazos, tornillos perilla y hasta pesitas para el regulador de revoluciones del motor, pero se invierte mucho tiempo y paciencia para dar con estas partes que están entre menuda chatarra que las tienen envueltas y camufladas. Ese día en especial al que hice referencia, llegué a uno de los últimos puestos y entre todo lo que existía ahí para la venta estaba un Víctor III, de fabricación tardía, pedí verla para examinarla, estaba en muy buen estado, cuando trate de negociar el ejemplar, surgió como propuesta un precio relativamente elevado, no obstante lo acepté, lo que tomó por sorpresa a la vendedora, atinando solo a evadir el proceso aduciendo que el artículo no era suyo, de inmediato supe que no quería venderlo, como será fácil concebir en la imaginación del lector que entiende de estos procesos, tuve que retirarme lleno de frustración.

Habría pasado alrededor de un año, cuando nuevamente estuve frente a ese gramófono, llegué en el momento preciso en el que otras personas estaban tratando de comprar esa pieza y la propietaria se negaba a dejarlo ir, argumentando que no estaba a la venta, expresándolo de manera muy áspera, generando desconcierto y disgusto en los ocasionales clientes, habiendo entonces presenciado tal escena, no tuve otra opción que alejarme con la misma frustración del año pasado.

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Sicuani, Estación del ferrocarril, en tiempos de los gramófonos.

De seguro habría transcurrido otro año más, cuando una mañana tuve el deseo de visitar nuevamente el lugar y usar todos mis mejores argumentos para persuadir a su propietaria que dejara a esta joya irse conmigo, ocurrió que llegué al puesto muy mentalizado y con la determinación de soportar con paciencia cualquier actitud hostil que caracterizaba a esta persona, es así que de manera muy apacible y a la vez audaz le extendí la propuesta directamente, la mujer me miró fijamente y contra todo lo que yo había imaginado la aceptó y concertamos un precio y un momento preciso para efectuar la transacción, pues el gramófono ya no estaba en el puesto de venta para ese día; llegue al lugar en la hora pactada y luego de llamar a un gran portón que se me había indicado como referencia y de esperar unos cinco larguísimos minutos, estuvo frente a mí el Víctor III que había tenido la oportunidad de examinar más de dos años antes, al verlo nuevamente experimente dos sorpresas, una buena y otra mala, comenzaré por la mala, es que la tapa de la base original del equipo había sido cambiada por otra que era a primera vista horrible, la buena fue que para mi sorpresa no solo obtuve la caja, como yo había aspirado, junto con la caja recibí, la manilla, el pedestal, el brazo, el diafragma (Victrola N°2), los tornillos perilla y el codo, a este ejemplar, solo le faltaba la corneta, es el equipo más completo que había encontrado hasta ese momento; esa mañana agradecí con creces y me fui muy satisfecho y sobremanera complacido por haber logrado esta joya que en dos oportunidades anteriores se había alejado de mis manos, no tuve que hacerle mucho, solo operativizar el motor y limpiar el resto y quizás en un año más, con una corneta que gentilmente me concedió Don Elías Jara del Cusco, el Víctor III evidenciaba vida una vez más entre los demás gramófonos, como una joya invaluable, reproduciendo discos de carbón a la perfección, lo disfruté por mucho tiempo.

Unos años después, llegó una vez más, una mañana en la que concibo ideas y propuestas audaces. Se me ocurrió ponerme en contacto con mi amigo Augusto Schaller, con quien para entonces ya hacía ocho años compartíamos el mismo agrado y admiración por los gramófonos,  así como el mismo deseo de conservarlos, intercambiando información y criterios sobre el coleccionismo de estas piezas históricas; por mucho me quedaba claro que él tenía la fortuna de poseer dos ejemplares Víctor MS y ningún Víctor III y yo dos ejemplares Víctor III y ningún Víctor MS, claro está que los dos ejemplares de Augusto no eran exactamente iguales, y los míos tampoco, imagino que pocas veces un coleccionista de piezas raras pueda tener dos unidades exactamente iguales;  esa mañana superando todo el apego por mi propio ejemplar (el Víctor III al que hice referencia) le escribí un mensaje a este amigo, expresándole que “no hay peor gestión que la que no se realiza” le extendí la propuesta de efectuar un intercambio de piezas, de manera que ambos podríamos avanzar en nuestro empeño de completar el catálogo de la “Víctor” en una relación “ganar – ganar”, consciente yo de que un “MS” es de por si más raro que un “III”. Ocurrió que de todas maneras extendí la invitación; no podía haber mejor oportunidad, pues la idea mía surgió en el momento preciso en el que Augusto recibía una buena oferta por este equipo – es posible que si proponía el negocio una semana después, otro hubiera sido el resultado – de manera que tuve que esperar, supeditado a si dicho negocio se concretaba o para fortuna mía quedaba sin efecto, la respuesta no demoró mucho, la balanza inclinaba al gran MS a mi favor, de su propia expresión surgió: “El equipo es para ti”, no dudo que al igual que yo, tendría él que haber superado su natural apego a su tesoro. En pocos días estuvimos ultimando detalles, yo enviaría a Lima un Víctor III completo, la pieza que más intacta había encontrado y a cambió recibiría la caja MS y su corneta “sombrero de bruja” que tanto yo había deseado poseer, yo me daba por bien servido con este intercambio, no obstante pudo más la generosidad y el sentido de la equidad de Augusto al proponer enviarme otras piezas de colección relacionadas a los gramófonos y partes para reconstruir diafragmas a cambio de todo lo que le faltaría al gran MS, en teoría todo estaba arreglado, no obstante ¿quien sería el primero en poner el pie en terreno incierto enviando una joya a un lugar remoto con todos los riesgos que esto implica?, obviamente fue más fácil decirlo que hacerlo, para ambos, de las mismas palabras de Augusto pude extraer lo siguiente: Difícil hacer un intercambio con algo tan valioso para nosotros. Créeme que por momentos me asalta la duda, al igual que debe pasar contigo.”

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El hermoso Víctor MS, de la pequeña colección de Marco Peña En Casa Blanca, La Convención, muy cerca de Machupicchu, Cusco.

Es lógico cuando la comunicación entre ambos siempre había sido por el internet, la pregunta era: ¿quién dará el primer paso? el hielo era pétreo, había que tomar una decisión, en ese contexto, a sugerencia de mi esposa, en su deseo de generar confianza, escribí un nuevo mensaje en el que afirmaba que sería yo el que efectuaría el primer envío, de manera que de inmediato construí los embalajes, lo más seguro que me era posible y en breve – ciertamente invadido por un gran temor de que algo pudiera ocurrir en la ruta que causara la pérdida de las piezas– embarqué los dos paquetes y no pude estar tranquilo hasta saber mediante el sistema de seguimiento electrónico que este envío había llegado a su destino final, pude respirar mejor cuando recibí un mensaje de Augusto en el que afirmaba que la pieza estaba en sus manos, que era de su completo agrado y que le daría algunos ajustes y retoques según su criterio individual de cómo deseaba que luzca un ejemplar de estos. Fueron pocos días en los que mi amigo modificó los embalajes y el MS estaba en camino a Sicuani – comprenderán los que aprecian y conservan piezas históricas, que las expectativas y el deseo de obtener un raro y nuevo ejemplar, hace que las horas y los días sean notablemente más largos – finalmente el seguimiento electrónico informó que el envío estaba ya en destino listo para ser recogido, me apresuré a la agencia, realice las gestiones pertinentes y de inmediato trasladé en un taxi los paquetes hasta mi domicilio – era difícil dominar la ansiedad – quité la protección de los embalajes y efectivamente estaba ante mi, uno de los gramófonos de diseño más exquisito que yo jamás había visto directamente, era el ansiado “Víctor MS” en buen estado de conservación, mantenía su acabado original, pude de inmediato apreciar su belleza exterior y su complejo mecanismo de diseño primigenio, con partes de bronce, había recibido una reparación, pero mantenía su carácter, sus piezas con algo de óxido y sus tornillos robados, de tanto uso y quizás muchos procesos de mantenimiento, testigos mudos de su tránsito por más de un siglo de uso y abandono, finalmente tenía entre manos esta maravillosa reliquia, de inmediato tuvo todo mi aprecio y admiración.

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Dama posando con un Víctor MS, tomada en Ica Perú, 1915 Cortesía del archivo fotográfico de Augusto Schaller

Estar siempre atento y listo a encontrar alguna que otra parte de gramófonos, cual fuera, tiene sus ventajas, a diferencia de las piezas anteriores, el Víctor MS estuvo con sus partes completas y funcionando en el mínimo plazo de tres días, normalmente lleva años el completar una joya de estas, esos años los había agotado ya, las piezas exactas ya las tenía, era como si el camino de este tesoro estuviera bien trazado, estaban a mi alcance exactamente las partes que le hacían falta, no habían más, lo único que demoró fue el proceso de limpieza de la hermosa corneta “Sombrero de bruja”  con “campana de Bronce” que demandó los tres días, en este lapso de tiempo el gran “MS” reproducía de manera perfecta un hermoso tango Argentino en homenaje al famoso “Gardel“, comencé entonces a disfrutarlo y lo ubiqué en un lugar privilegiado, donde todos quienes entrasen en la sala pudieran verlo; inmediatamente envié a Augusto las fotografías del ejemplar ya completo, su respuesta fue: “Increíble, le has devuelto la vida al MS”. En efecto también lo sentía así, un gramófono más volvía a la vigencia.

Luego pude ver en fotografías al hermoso Víctor III de la Bombonera Sicuaneña, ya optimizado, en su lugar, entre la impresionante colección de gramófonos del buen Augusto Schaller en Lima, donde seguramente ya había estado hace un siglo antes, cuando llegara al país.

El desprendimiento de dos hombres sometiendo sus apegos, temores y con una importante cuota de generosidad y empatía daban lugar a la puesta en valor de raras piezas históricas que inexorablemente deben conservarse para las futuras generaciones, como parte misma de nuestra cultura”.